Entre humo y fuego, hay quien obtiene riquezas condenando su alma.
Cabellucos del diablo
Estos seres aparecen en la noche de San Juan, volando entre las llamas y el humo. A su paso es posible identificar un profundo olor a azufre y también escuchar sus infernales gritos.
Se trata de siete seres –procedentes del infierno– con aspecto de grandes libélulas que están condenados a volar siempre juntos.
Aunque las hogueras de San Juan atienden a un ritual de purificación no están exentas de que estes cabellucos se acerquen a ellas. Por esto, para protegerlas, se deben trazar siete cruces en el aire.
Los siete seres desaparecen al amanecer, retirándose a sus cuevas. Durante este trayecto, cansados de la incesante marcha de la noche, comienzan a salivar. Se dice que, al solidificarse, esta baba se convierte en oro y que quien la encuentra tendrá grandes riquezas, pero que, tras su muerte, su alma será condenada al infierno.