De árbol protector, que da vida y abrigo, a gigante insaciable que todo seca y consume.
Cabellucos del diablo
Entre humo y fuego, hay quien obtiene riquezas condenando su alma.
De árbol protector, que da vida y abrigo, a gigante insaciable que todo seca y consume.
El mayor roble que se puede encontrar en tierras cántabras cuenta con una cavidad abierta en su base, comúnmente utilizada por los transeúntes para refugiarse.
Un buen día, una chica decidió cobijarse en su interior y, mientras esperaba el paso de la tormenta que la sorprendió en el camino, se quedó dormida. Al poco, la salvia del árbol comenzó a recorrer con ágil velocidad, estrechándose con rapidez hasta dar muerte a la joven.
Tras este suceso el árbol incrementó su tamaño y adquirió una apariencia angustiosamente humana –como si de un gigante se tratase– y fue absorbiendo el agua y la salvia de toda la vegetación próxima; llegando a desprender sus raíces y echar a andar.
Desde entonces, el roblón se dedica a destruir todo cuanto encuentra a su paso, secando toda fuente existente, sin encontrar nunca hartazgo.